Confesiones sobre la maternidad

6 October, 2017

Yo desde muy chiquita quise ser mamá. Y cuando digo muy chiquita no estoy exagerando; me acuerdo una vez en la escuela que la maestra nos preguntó a todos qué queríamos ser de grandes y mi respuesta fue: quiero tener hijos. Eso fue como a mis 10 años. Ni siquiera estoy segura del porqué de esa claridad, la verdad es que ni soy niñera en ese caso. Digo, sí me caían bien los niños pero para nada era el tipo de niña que corría a abrazar bebés ni jugaba a que mis muñecas eran mis hijas ni nada de eso.

Luego, cuando tenía 12 años, tuve un hermano y, contrario a lo que todo el mundo supuso (decían que al ver la friega que es tener un bebé se me iban a quitar las ganas), quedé encantada con la idea. Ser responsable por una personita me pareció lo más hermoso y mágico de la vida.

Sólo puedo suponer que mi deseo por ser madre venía de algo más profundo. Si alguna vez me han leído seguramente ya saben que crecí de una manera poco convencional; en una playa y con una mamá (casi) soltera. Entonces, lo más lógico es que mi deseo en la vida fuera formar una familia muy pero muy unida y quedarnos juntos como muéganos para siempre. Y aunque la vida nunca garantiza nada les confieso que hasta ahora siento que lo hemos hecho muy bien y estoy super orgullosa de nosotros. Bibi, somos unos chingones, mi amor, ¡¡unos chingones!!

Una cosa es el deseo de ser madre y otra muy diferente es la realidad. Nada, ni las amigas, ni tu mamá, ni libros, cursos, etc. te preparan para tener hijos. Desde el embarazo te puedes ir dando cuenta de que las cosas no son y nunca van a ser como tú te las imaginabas.

Hay mujeres a las que el embarazo las hace ver radiantes pero yo nunca he conocido a una. La realidad es que a la mayoría nos crecen las pompas, nos salen granos, tenemos gases y nos da pavor parir desde el día en que recibimos la noticia del embarazo. También hay casos en los que las mujeres piensan que no pueden tener relaciones sexuales mientras están cocinando bebés entonces de paso le arruinan la vida a su pareja, pero esa es otra historia y les ruego que no lo hagan.

Mi maternidad ha sido toda una aventura. Tengo dos hijos y con cada uno mi vida ha cambiado por completo. Sí es cierto que son lo más mágico y hermoso que me ha pasado en la vida y que cuando los veo me maravillo tanto de su existencia que me siento conectada con Dios. Para mí son los niños más hermosos, inteligentes, chistosos, carismáticos y amorosos del planeta y espero que ustedes también vean a sus hijos de esa manera si es que los tienen o cuando los tengan. Si todos tuviéramos a nuestros hijos en la más alta estima este mundo sería un mejor lugar. Con todo y que eso suena muy exagerado y extremo de mi parte, lo creo firmemente. La gente que hace cosas “malas” en este mundo generalmente son personas faltas de amor y de autoestima entonces, si les damos todo el apoyo y contención desde su hogar, creo que reducimos drásticamente los traumas que van a tener en el futuro.

En fin, sí, mis hijos son lo más importante en mi vida pero este post en realidad es para compartirles que además de las cosas fabulosas de las que hablamos todo el tiempo sobre la maternidad existe otro lado, el lado bien pinche difícil. El lado en el que te pierdes, te confundes, te gana la impaciencia y no entiendes nada de lo que estás haciendo. Ser mamá es una chambota y nadie te dice cómo se hace y menos cómo no perderte a ti misma en el proceso. Ya he escrito sobre eso aquí mismo en el blog y si quieren pueden pasar a leer el post (digo, ya que tengo su atención) aquí: http://www.kalindakano.com.mx/2015/09/21/reinventandote-despues-de-tener-hijos/

Sí, está padre y está difícil. Es desesperante y gratificante y todo eso que dicen. Y también es un montón de cosas que no se dicen, como por ejemplo que a muchas nos surge una ansiedad existencial “inexplicable” o que a veces lloramos de cansancio o desesperación. También está el tema de que el mundo (o peor aún, nosotras mismas) nos compara con chavitas de 18 años con el abdomen perfecto y que laboralmente no nos queremos quedar atrás.

La maternidad es difícil pero en la modernidad lo es más aún. El ideal es convertirte en una super mujer que lo puede todo, ser la mamá que va a las juntas de la escuela, llega a tiempo, tiene peinada impecable a su hija, participa en el chat, ayuda con la exposición de no sé qué chingados, lleva a los niños a sus clases en las tardes, cocina rico, nutritivo y rápido, además se viste bien, trae las uñas pintadas con el color de temporada, combina sus tenis con su ropa, trabaja mil horas y eficientemente, tiene hobbies para seguir creciendo como persona, aporta económicamente al hogar, le hace el amor a su pareja de manera regular, innovadora y emocionante, convive con sus amigas, no se pierde la serie en la tele, lee al menos un libro por mes, está de buenas y no pierde los estribos cuando sus hijos le debaten TODO, duerme en pijamas sexies y se levanta al día siguiente entera para empezar otro día igual… ¡uffff! Yo no sé ustedes pero yo estoy bien pinche cansada. Esto de ser super heroína sí cansa, amigas y creo que no es lo ideal para nuestras vidas.

Yo lo que propongo es lo siguiente:

-Nos relajamos mil rayitas

-Nos dejamos de juzgar entre mamás y mejor nos apoyamos y ayudamos a crecer como personas

-Le decimos a nuestra pareja que nos ayude de verdad. No, existir no cuenta como ayuda real.

-Encontramos un estilo de ropa y maquillaje que sean rápidos y fáciles para el diario. Así no perdemos mucho tiempo pero tampoco andamos en pijamas.

-Cocinamos lo que podemos dentro de nuestras capacidades, y cuando no se puede les damos quesadillas.

-Dejamos que nuestros hijos hagan su propia tarea y obligaciones sin andar de metiches. El que tu hijo lleve una maqueta en mega producción no te hace mejor madre, solo te hace tramposa y está de flojera. Sépanlo.

-Hacemos el amor cuando podemos y no a la “fuerza”. La intimidad es algo que debe ser placentero para ambas partes; si algo no te está gustando o emocionando explora otras posibilidades sexuales hasta que disfrutes de esos momentos con tu pareja.

-Busca amigas con hijos. Ellas van a ser tus mejores aliadas. Escógelas bien.

-Duerme más y ve menos tele.

-No te compares con nadie. Confía en que estás haciendo lo mejor que puedes y eso está bien.

-Dales besos a tus hijos y diles que los amas TODOS los días. Sí, hasta cuando te caen mal.

 

Y ya, acuérdate que eres una chingona y que estás haciendo un trabajo súper difícil. Date una palmada en la espalda, felicitate, respira profundo. Todo va a estar bien.

Gracias infinitas por leerme

K

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